jueves, 16 de marzo de 2017

Andar no es un deporte 2. Frédéric Gros. Andar. Una filosofía.

Una sensación en el recuerdo

Frédéric Gros. Andar. Una filosofía. Taurus. 2015. Primera edición 2014


Esta segunda entrada dedicada a Frèdèric Gros es una entrada coral, si es que dos hacen coro. Me acompaña mi hermano que tomó notas de esta lectura y a ellas me ciño para sacar conclusiones sobre lo que es esto de caminar ocioso.
Quienes escriben sobre andar se preocupan de poner nombre a la marcha atendiendo  a su conclusión y finalidad: pasear, vagabundear, viajar. Frèdèric Gros se entretiene en la idea de peregrinar. Mi hermano subraya:

“El peregrino no está en su casa allí donde camina”.

La idea que compartimos es que no te vas para construir un nuevo hogar, sino para no tener nada, vivir con lo elemental; sentirte extranjero, extraño, allí donde estas. Teníamos un poco de fobia al Camino de Santiago donde es previsible la presencia del caminante, que se encuentra como en casa. Gustábamos de caminos, poco transitados, que en otro tiempo fueron caminos de carros y caminantes ajenos a la prisa o a la meta.

De los capítulos que el autor dedica a H.D: Thoreau (Walden) veo que está subrayada la idea de que

  “No hace falta ir muy lejos para andar. El verdadero sentido de la marcha no es ir hacia lo otro, sino estar al margen de de los mundos civilizados, sean los que sean”.

Más allá de la puerta de tu casa, cuando dejas lejos tu ciudad y el retorno no es una solución comienzan a pasarte cosas, sencillas, que ni te esperabas. Hablas diferente, de ocios distintos. Que es lo mismo que le pasa a quien habla contigo y por un momento rompe el hilo del día a día. Te desprendes de lo previsible, de lo que sabes y sientes la libertad de que lo dicho no formará parte de la memoria que compromete, que puede ser revisada. Si es memoria, lo es del contacto humano, historias al margen de la secuencia cotidiana. Mi hermano, callado por higiene, encontraba cargadas de sentido todas las conversaciones tenidas en el camino. Y todo esto me recuerda el libro que me ha regalado Pere “El pelegrinatge insòlit de Harold Fry, de Rachel Joyce, sobre el personaje de la novela que salió de casa para echar una carta al buzón y encontró sentido a sentir las piernas y al sol en la espalda.

Luego subraya que, entre los pensadores griegos, los cínicos fueron los únicos auténticos caminantes. Y hace un doble subrayado a la idea de “Sentirse ciudadano del mundo” y resalta, del cínico, el desapego, que es lo que le permite serlo.

El desapego, mejor si se aprende pronto, resulta imprescindible cuando eres mayor. Vivir fuera de tu casa, en un ejercicio constante de prescindir, es un buen entrenamiento. Hablamos, mi hermano y yo, mucho de ello y me aplico en su práctica. Eso sí, con la certeza anclada de la amistad y el amor, si es posible.

Cuando hablábamos de andar, por qué y cómo, recurríamos al recuerdo para explicar lo que queríamos, que nunca quedaba claro. El callejeo por Toledo, las travesías por Guadarrama, las emboscadas en cualquier sierra; parecían contener esa sensación de diversión y plenitud a la que Joan Fuster hace referencia cuando aborda la acción de flâner y que concluye que este verbo describe una sensación que está en el recuerdo. Ta vez sea ese el sentido de las notas sobre este libro, activar el recuerdo.

Y si no son suficientes nuestras dos voces para considerar coral este escrito, podemos añadir que el libro Andar, una filosofía me lo regaló David, que El pelegrintge insòlit de Harold Fry me lo regalo Pere, Manel me invitó a que indagara en el Diccionari per a ociosos de Joan Fuster el término flâner. Todos ellos, con quienes hayan llegado hasta el final de esta lectura, yo creo que ya hacemos coro.

Por último, Frédéric Gros, a pesar de que reniega de la relación andar-deporte por su abrupta manifestación mercantil y bárbara, dice —y recoge mi hermano— que “lo que domina en la marcha… es la alegría sencilla de poner a prueba el cuerpo en la actividad más arcaicamente natural”. Rousseau, musa del valor educativo del ejercicio de andar y de lo natural como punto de partida del conocimiento, no lo dijo mejor.

El libro dice mucho más y mejor. Lo mejor es leerlo.

viernes, 10 de marzo de 2017

Andar no es un deporte. Frédéric Gros. Andar. Una filosofía.

Andar es un deporte, depende de cómo se mire.

Frédéric Gros. Andar. Una filosofía. Taurus. 2015. Primera edición 2014

Creía que relacionar andar y deporte iba a ser más fácil que relacionar deporte y viaje. Pero la primera frase del libro que emprendo dice: 

Andar no es un deporte” 

y después, Frédéric Gros, se aplica en explicar sus razones. Para él el deporte es lo que es para la mayoría: lo que la prensa y la televisión dicen. Y eso no le gusta porque incluye mercantilismo, competitividad excesiva, números para explicar el resultado de un juego. 

Y luego dice algo que llama la atención: “Se da siempre esa distinción entre vencedor y vencido, como en la guerra. Hay, entre la guerra y el deporte  un parentesco del que la guerra extrae su honra y el deporte su deshonra…” ¿Cómo los amantes del deporte, nos podemos resignar a esa comparación odiosa?

Me ha traído a la cabeza una pregunta que alguien lanzaba en Facebook sobre las razones del desapego de la mujer con el deporte y recuerdo nuevamente aquel artículo que dediqué a Agustín García Calvo sobre el fervor que los hombres dedican a la guerra y al deporte y la desazón de la mujeres “Perché perché...La domenica mi lasci sempre sola, per andare a vedere la partita di pallone, perché, perché…(Cantada por Rita Pavone 1963).
  
Toda la aproximación, con comparaciones y utilidades, entre el deporte y la guerra, se convierte en distancia de las mujeres. Y cuando hablo de aproximarse, no solo me refiero a la teoría, también al fervor con que en el deporte se defiende como mercancía, fidelidad patriótica o espacio personal.

¿Cómo se puede confiar y mantener valores civiles de una actividad que aguanta la comparación con la guerra? Como decía Alexandro Barico en Homero Iliada, es necesario: conocer la emoción, incluso la más vertiginosa, sin tener que recurrir al doping de la guerra o la metadona de las pequeñas violencias cotidianas. En fin, otra belleza, si es que comprendéis lo que quiero decir


Claro, así ¿cómo pensar que andar es un deporte? Pero por suerte hay muchos deportes y a muchas personas cuando le preguntas que hacen cuando dicen que hacen deporte, dicen que juegan o caminan. Claro, dice el autor, que andar, al fin y al cabo “poner un pie delante de otro, es un juego de niños” y si no hubiéramos interpuesto tantas cosas entre el juego y el deporte el autor no tendría tantas dudas sobre si andar es o no deporte.

Para andar hace falta ante todo dos piernas y lo demás es superfluo” y que “Caminando, solo una hazaña importa: la intensidad del cielo, la belleza de los paisajes…


Pues eso es lo que yo digo: Deporte.

jueves, 9 de marzo de 2017

¿Es viajar un deporte? Michel Onfray. Teoría del viaje

Viajar, volar, saltar, caminar, escribir.


Intentando volar en 1972
¿Es viajar un deporte? Pues depende de lo que cada uno piense que es deporte. Para mí, que saltar era como una iniciación al vuelo, viaje y deporte se parecen mucho. Lo escribí cuando reflexionaba sobre mi primer viaje en solitario en 1971: “El viaje es una forma de despegar, de vértigo lleno de imágenes, de correr y volar para ver todo desde lejos”.
La lectura de este libro la utilizo como introducción al viaje caminando o al caminar como forma de viajar que es un proyecto que acaricio. Supongo que lo de andar estará más cerca de lo que es deporte que la idea del viaje.
Michel Onfray divide al mundo en sedentarios y nómadas y la historia de la humanidad se puede construir atendiendo a estas dos formas de estar en el mundo. Del nómada dice que es un elemento incontrolable, imposible de seguir. Al menos hasta la llegada de los teléfonos móviles. Y define el viaje como un arte que induce a una ética lúdica. Dice cosas bellísimas de la condición del nómada. Quien se sienta nómada no debería dejar de leer este libro.
El viajero elige su destino pero por algún imperativo ontológico cada uno marca una tendencia. Hay viajeros que eligen el mar, los bosques, los desiertos, las llanuras, las islas… Yo creo que soy de islas, que son como tener todo el mundo al alcance de la mano; pero no estoy seguro.
Otro detalle que nos interesa compartir con el autor es la idea de que un viaje empieza en una biblioteca o en una librería, que es donde se generan los fantasmas de la ilusión y la imaginación “fantasmas literarios o poéticos”. También que el registro del viaje es la escritura porque con ella recapitulamos los múltiples desajustes que el viaje provoca en nuestras vivencias.
Después de elegido el destino y alimentada la imaginación comienza el viaje en el preciso momento en que se cierra la puerta y se da la espalda al hogar para comenzar a alejarse, situarse en terreno de nadie, donde todavía es posible dar marcha atrás. Luego,  al poner tierra por medio se siente más difuso el origen; y aquí es necesario referirse a Ítaca, porque el destino del viajero es volver.
La experiencia del viaje es de uno mismo, aunque en el viaje no se vaya solo. Y la experiencia necesita de la inocencia, vivir el viaje sin prejuicios. Ejerciendo la memoria, pero sin referirse a ella, para entender lo que se ve, lo que pasa en el camino.
Escribí cuando tenía veintiún año, en un solitario viaje de fonda y tienda de campaña: “El caso es que me quedó una deuda ni se sabe en qué rincón de mi cerebro con la calle Mayor, 103 y la imaginada Alameda por donde pensé a mi amigo en sus correrías de verano, y estoy castigado a recordar el numero 103 siempre que se habla de Daroca o cuando paso cerca, y a fijarme en la copa de los álamos que hay más allá de la ciudadela”.

Al releerlo recordé que había ilustrado el libro
Después, la vuelta, comenzar a plantearse un nuevo viaje y escribir para desentrañar la memoria. Porque las notas no son suficientes:
Me entretuve en tomar notas de lo que veía y hacer algún dibujo, para perpetuar lo que estaba viviendo. Intento fallido, cuando lo leo años más tarde, en la mayoría de los datos, sólo encuentro la constancia de que estuve”.
Sin embargo, en el mismo diario, un nombre, solamente una palabra, alborota mi memoria: Aurora
Al sentir que podría estar cerca percibía la emoción y el escalofrío de los contactos que habían quedado pendientes, me estremecía por un amor adolescente en el que nunca se formuló un deseo o un sentimiento” (Notas de 2002 sobre un diario de 1973).

A estas alturas, quien lea esto, puede estar pensando que qué tiene que ver esto con el deporte. El caso es que yo tengo una memoria de la experiencia atlética tan vital y tan literaria, tal vez poética, como lo que narro del viaje y es, posiblemente, el mejor legado que me ha dejado la práctica deportiva.
Mi próximo deporte es viajar andando, leer y escribir.



domingo, 19 de febrero de 2017

Alexandro Baricco, el fútbol y los bárbaros.




https://es.scribd.com/doc/51122049/Los-Barbaros-Ensayos-sobre-la-mutacion-Alessandro-Baricco

La mutación es la percepción que tenemos de como múltiples aspectos de la cultura que consideramos trascendente están cambiando. Estas modificaciones, a quien ha vivido y se ha ocupado en entender lo que ha vivido, le sumen en el desconcierto. Los bárbaros son los agentes de las mutaciones y la barbarización es la aldea (la cultura) arrasada que queda después de su paso.

Este libro es una “tentativa de pensar escribiendo”. No resulta fácil sacar conclusiones cerradas, ni lo intenta, y debes ser leído levantando los ojos del libro para pensar, como dicen que beben las gallinas: levantando la cabeza para digerir lo bebido.

Centrarse en el análisis que hace del fútbol como paradigma de actividad mutante e invadida requiere, al menos, una precisión teórica más.

Para identificar un comportamiento cultural en mutación debemos describir, en la barbarie, los siguientes acontecimientos:
Ramón Torroja. Lectures suggestives 1931


—Comercialización en auge

—Lenguaje moderno

—Adhesión al modelo americano

—Búsqueda de la espectacularidad

—Innovación tecnológica

—Choque entre el nuevo y el viejo poder

(Phillip Roth se ciñe a este esquema en su excelente novela, ya comentada aquí, La Gran novela americana) 


Comprobar el proceso de la barbarie requiere comprender todos los acontecimientos. “La mirada que se detiene sobre un único rango de la invasión bárbara se aproxima peligrosamente a la estupidez” (ver la entrada anterior: Baricco y un periodista). 

Y ahora sí, hablamos de fútbol. La pérdida que más personas detectan en el mundo del fútbol (y de casi todos los deportes) es la pérdida del alma. La nostalgia por el fútbol de antaño. ¿Qué antaño? El autor expone mil argumentos nostálgicos (sobre el balón, los campos, los aficionados…) Para él sólo hay una pérdida trascendente “La  limpieza moral y humana”. Las demás entran en el ámbito sentimental que, como criterio, demasiadas veces se parece a la estupidez.

Después analiza la televisión digital como el factor tecnológico de la barbarie. Lo relaciona con la superabundancia y la banalización. La destrucción del tótem, distante y sagrado. El fútbol nunca gozó de tanto predicamento moral como cuando se identificó con “la furia española”. Basada en la narración de algo que casi nadie vio y se propagó en aucas, como en la edad media. Me veo obligado a aclarar que ese evento fue manipulado políticamente y pasó siempre por encima del carácter abertzale de Belauste que metió el gol, vaya usted a saber cómo, en una acción imposible de interpretar más allá del juego.

Otro factor es la espectacularidad que se ve en las formas de narración y en las formas de organización de los eventos. La americanización es evidente al reconocer este factor.

La eliminación de la individualidad, que se traduce en el linchamiento mediático de aquellos futbolistas que, con talento, se dejan llevar por la genialidad. El genio, en el deporte de los bárbaros, debe ser sustituido por la eficacia y la medianía.

La explicación más inquietante para entender cómo se entiende el fútbol la haré parafraseando una parte del análisis de como leen los bárbaros. El fútbol debe ser entendido aunque nunca hayas visto otro partido, aunque no te interese. El fútbol lo entienden los bárbaros siguiendo instrucciones que se encuentran en lugares que no son fútbol. Las televisiones, la prensa, las tertulias, anuncios, dibujos animados. Nada tienen que ver con el ejercicio de leer un partido completo en el campo. Y sin embargo, los bárbaros, creen que sí, que lo entienden si escuchan los oráculos mediáticos, con intereses ajenos al juego.

No me extenderé más en la atención que Alexandro Baricco dedica al fútbol. No lo considera como un acontecimiento cultural inevitable o imprescindible, pero sí como un paradigma, tal vez un laboratorio sobre el que se experimentan las mutaciones en la aldea global. Lo mismo que el vino, y me congratula la comparación, porque considero el vino un deporte divertido y primigenio. Y no de los menos sanos.

Lo importante es leer el libro entero. Esto ya se ha convertido en una muletilla de este juego. Pero hoy estoy especialmente interesado en recalcar una frase alusiva que hace en el mismo libro e introduce mis próximas entradas:

“Un libro es un viaje para caminantes pacientes”




domingo, 12 de febrero de 2017

Alexandro Barico y un periodista deportivo

 El fútbol no es suyo

Estaba preparando, tras una lectura de Alexandro Barico, una despedida y cierre de esta época del blog, dedicada a lo que dicen y sienten algunos buenos escritores cuando opinan de deporte o sus personajes son deportistas, cuando se me ha cruzado un artículo, análisis lo llama el editor, que se titula “El fútbol no es suyo” y lo escribe José Sámano en El País (10 febrero 2017).

El artículo es un jarro de agua fría para quien guste de deportes participativos y espectáculos divertidos en los que el juego y el jugador sean los protagonistas. Es nefasto para el concepto de deporte y la ética de los ciudadanos. Y además es lioso, la tesis confusa. Solo lo entiendo como una andanada de intereses comerciales de la empresa que lo publica.
Leí el artículo porque no es bueno quedarse dando vueltas a lo que piensas. Sobre todo si sabes que no es lo que piensa la mayoría. Al fin y al cabo, como decía mi amigo Salva: El deporte es eso que tú haces y dices que es deporte. Hay muchos deportes.

Así que lo leí partiendo de una premisa: estoy de acuerdo en que el fútbol no es de Peter Lim, que aparece en la foto que lo ilustra. Pensé que íbamos a estar de acuerdo en que el deporte es patrimonio de los jugadores. Pero no se habla de jugadores.
Entonces ¿de quién es el fútbol?  De los hinchas “referencia esencial” que, tal y como está ahora el futbol, se ven relegados al papel de consumidores y que no tienen ni el consuelo de la pañolada torera (hay otras referencias a los toros en el artículo). Para la hinchada, que de forma generalizada no supera la dotación neuronal de una rata, reivindica el corazón, el alma y la pasión del fútbol.

¡Qué traidora es la pluma! Sin querer se puede
 escribir como hablaba el de la boina
De quien más es el fútbol. “(El fútbol) ha dejado de ser la gran reserva del paisanaje, la vertebración de un pueblo alrededor de su club de fútbol y su sentido de pertenencia”. ¡Redonda le ha quedado! 
Un guiño para los mayores: Piensen en esta frase dicha desde el balcón del Palacio de Oriente de Madrid por un general con voz aflautada. ¿No les suena a reserva espiritual de occidente? Y lo de la vertebración de un pueblo, guiño del franquismo en contra de la noción de la España Invertebrada de Ortega y Gasset.

Parece que la tesis es que el fútbol ha dejado de ser la reserva del paisanaje por culpa del fundamentalismo financiero reinante y debe recuperar esencias simbólicas, locales, patrióticas… En aras de su valor como “religión laica” Y nombra a Vázquez Montalbán que debe haber dado un bote en su tumba. Al comunista, crítico con los procesos mercantilistas del deporte, no se le ocurrió un proceso más degradante para el deporte que convertirlo en religión. Nunca, en su pluma, fue un valor positivo esta deriva del deporte. Que, por cierto, en esos tiempos, años setenta del siglo veinte, apenas era el alevín de la situación mercantil actual.

El deporte solo es grande por los jugadores.
Toda la deriva mercantil y simbólica es nefasta
Para que no tuviera tufo a interesado nacionalismo económico, podría haber puesto en la foto, en vez de a Lim, a Florentino, por ejemplo, que tanto monta en eso del fundamentalismo financiero. A no ser que se trate de no molestar y cumplir con la estrategia mafiosa de F.D.Roosvelt “Puede ser que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

¿Y por qué lo he relacionado con Alexandro Barico.? No he terminado de leer el libro que tengo entre manos (Los barbaros. Ensayos sobre la mutación). Pero hace tiempo leí en “Homero Iliada” una reflexión, que he repetido muchas veces en mi enseñanza y que volveré a repetir cuando quiera decir lo que él dice como yo no lo conseguiré nunca (se debe leer pensando en el valor formativo del deporte):

“(Construir otra belleza),,,Poder cambiar el destino de uno mismo sin tener que apoderarse del de otro; lograr que circulen el dinero y la riqueza sin tener que recurrir a la violencia;… encontrarse a uno mismo en la intensidad de lugares y momentos que no sean una trinchera; conocer la emoción, incluso la más vertiginosa, sin tener que recurrir al doping de la guerra o la metadona de las pequeñas violencias cotidianas. En fin, otra belleza, si es que comprendéis lo que quiero decir

Comparen este texto con el artículo comentado y díganme si no es para estar preocupado por el deporte en mano de los medios de comunicación.


Me queda pendiente la entrada dedicada a Alexandro Barico. Después hablaremos de caminar, vagabundear, peregrinar…

miércoles, 1 de febrero de 2017

Del boxeo, de las mujeres y de los hombres. Joyce Carol Oates


Vuelvo sobre el boxeo. Ya lo tenía previsto desde que supe Joyce Carol Oates había escrito sobre este tema. Que sea una mujer quien escribe sobre boxeo es una rareza.

Revista Aire Libre 1925
En el libro dedica un capítulo a la relación de las mujeres con el boxeo. Casi no me atrevo a poner una frase concreta, porque en tema tan manoseado como la igualdad, cualquier desliz puede servir para rasgarse las vestiduras.

El boxeo es una actividad puramente masculina y habita un mundo puramente masculino. Lo cual no quiere…”    Todas las excepciones y aclaraciones que quieras poner y que deberás buscar en la lectura.  Otras ideas: “Una celebración de la perdida religión de la masculinidad…” “Qué los hombres peleen entre sí para determinar la valía (es decir, la masculinidad)  excluye a las mujeres de forma tan absoluta como la experiencia femenina de dar a luz excluye a los hombres. A propósito…” Frases incendiarias para twitear. O se lee, largo y reflexivo, o es peligroso porque lo entiendes con clichés comerciales (de cualquier tipo de comercio de ideas). 
A mí me recuerda las teorías que ya escribí de Agustín García Calvo sobre mujeres y deporte. Y es que en este libro tal vez subyacen claves de esta relación.

Un resumen apresurado del libro podría hacerse con  unas ideas básicas por las que navega con una claridad de pensamiento y literaria que merece la pena:

—¿Cómo puedes disfrutar de un deporte tan brutal?  Joyce Carol no escribe desde una perspectiva de género ni con distancia intelectual o académica, sino desde dentro, desde sus vivencias infantiles y desde esa pregunta que inquieta a todos los que ven y piensan el boxeo.

—“La vida es como el boxeo en muchos e incómodos sentidos. Pero el boxeo solo se parece al boxeo”.   Luego desarrolla ideas que, como si se te golpeara un guante de crin, te aturden. “El boxeo es superior a la vida”  El deporte condensa valores y luchas por la supervivencia en un acto real, no ritual, en el que te va el dolor y la vida. Es superior porque esa condensación de hechos y razones es literaria y se puede abarcar en el tiempo y el espacio.

—El boxeo, no es un deporte, es superior al deporte (“El boxeo es el deporte al que aspiran todos los demás deportes” George Foreman): Si las definiciones o la historia del deporte lo justifican como deporte, desde luego es  “el más trágico de todos”.  Joyce Carol no lo considera un deporte: Nada tiene de lúdico. El boxeo es la vida y nada tiene de juego. No se asimila a la niñez. “Se juega al fútbol, no se juega al boxeo”.

También habla del erotismo, de la corporeidad vivida y percibida del boxeador, de historias vitales, de muertes en el ring, de los alias de los púgiles, de la literatura, como no.

Buena literatura y una mirada imprescindible para saber de la vida, de hombres y de mujeres y de deporte.   



lunes, 16 de enero de 2017

El fútbol según Eduardo Galeano 1

  
Recortables
Si al leerlo te engolfas en lo que tiene de épica y nostalgia te puedes perder lo que contiene de reivindicación humana del juego, del esfuerzo sin más sentido que el placer o sentirse bien. Este libro destila pasión uruguaya por el fútbol —“como todos los uruguayos quise ser jugador de fútbol”—.

 Es un libro para disfrutar del bien hacer y el inmejorable escribir. Como en otros libros que mezclan literatura y deporte y que ya hemos comentado: el mejor deporte es el que te da razones para escribir y el que se recuerda por la noche y te hace dormir bien.

 “Yo jugaba bien, era una maravilla, pero sólo de noche, mientras dormía”

Esto del deporte que te hace soñar y te ayuda a dormir ya va siendo recurrente en este blog. Ahora recuerdo los saltos ingrávidos, más parecidos a vuelos que a saltos, con que mi inconsciente me regalaba las noches previas o posteriores a un concurso cuando era saltador de longitud.

He de reconocer que no he leído de un tirón las aproximadamente 150 historias que reúne Galeano. Este, como otros libros suyos es un libro de cabecera, para ir leyendo poco a poco, siempre que no se pierda la perspectiva de estar construyendo una única imagen: la pasión por la vida y el juego.
En cada historia aparece un valor humano, la virtud que sustenta el fútbol (el deporte) y que se refleja en vivencias que exponen la vida y la muerte ligadas a la pasión del juego:

solfeo balón
     “tuve la suerte de de ver al brasileño Garrincha, que también disfrutaba haciendo chistes con las piernas y a veces, cuando ya estaba cerquita de la culminación, daba marcha atrás para demorar el goce”

     A Abdon Porte le sacaron del equipo titular, el nacional de Montevideo. “Al fin del verano de 1918, en el estadio del club Nacional, Abdón Porte se mató. Se pegó un balazo a medianoche, en el centro de la cancha donde había sido querido. Estaban todas las luces apagadas. Nadie escuchó el disparo.”

También aparecen las críticas a los intereses que lo destruyen y lo manipulan.

En la dedicatoria transcribe un canto infantil que resume su actitud juguetona hacia el deporte: Ganamos, perdimos, /igual nos divertimos. Yo recuerdo haber cantado: Hemos ganao, hemos ganao/ el equipo colorao… que los perdedores reescribían: La copa del cagao…

Muy recomendable: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150414_deportes_eduardo_galeano_futbol_pasion_jmp