domingo, 26 de junio de 2016

Teoría del deporte. Agustín García Calvo 3

20121008 El deporte. Un lugar donde huir
Perché perché...La domenica mi lasci sempre sola, per andare a vedere la partita di pallone, perché, perché…(Cantada por Rita Pavone 1963)
Los hombres huyen de las mujeres (sigo utilizando la idea y las razones de Agustín García Calvo) porque interfieren la lógica de sus prioridades; a ellas disputan el poder.
Para encontrar un espacio propio de poder es necesario alejarse, diferenciarse, marcar un territorio donde ser admirados y el deporte podría ser una buena idea. Pero:
- El dominio sobre el espacio y el tiempo y, tal vez, sobre el vértigo, es agotador y tal vez absurdo, lúdico e inocuo. Además, eso lo podemos aprender juntos y compartirlo hombres y mujeres.
- El dominio que, al practicar deporte, se adquiere sobre los sentimientos, sobre la sensibilidad o el conocimiento, es lo que nos hace iguales. No interesa.
Esas razones para hacer deporte no valen para diferenciarse y alejarse. Había que construir una coartada que excluyera a las mujeres, había que construir un oxímoron de violencia fingida y valores nobles, que las espantara, como les espanta la guerra. Como espantó la de Troya a las mujeres que tienen voz en los escritos de Homero y Eurípides:
Morirán los victoriosos apenas se embarquen, no verán a sus hijos y no serán vestidos por las manos de sus esposas, sino yacerán en país extranjero. Sus mujeres morirán viudas, otras perderán a sus hijos. (Voz de Casandra en Las troyanas. Eurípides)
Tantos los dolores que sufrimos, asolada nuestra patria, desde que los dioses nos fueron adversos. Cadáveres ensangrentados yacen en los templos para servir de pasto a los buitres, y Troya sufre el yugo de la esclavitud. (Voz de Andrómaca en Las troyanas. Eurípides).
Todas, también Helena, intentaron parar la guerra invocando en los hombres su condición de padres, maridos, amantes o a su prudencia. Quisieron que buscaran en la palabra un espacio donde entenderse. No era fácil.
Para no oírlas, los griegos enviaron a Tersites para que comunicara su suerte a las troyanas: la esclavitud, la muerte y la de sus hijos. Y enviaron a Tersites porque era capaz de hablar con las mujeres, de encontrarse en un lugar común:
“Quiero explicaros lo que yo sé, para que así vosotros comprendáis lo que yo comprendí: la guerra es una obsesión de los viejos que envían a los jóvenes a librarla”.
“Entonces me di la vuelta y busqué a Nestor, al viejo y sabio Nestor. Quería mirarlo a los ojos. Y en sus ojos ver morir la guerra, y la arrogancia de quien la desea, y la locura de quienes la libran”.
Pero a Tersites, que es capaz de hablar con las mujeres, lo desprecian por feo y, por ser sensible, le espetan ser el peor de los guerreros y solivianta a los griegos y los aqueos. Odian más a Tersites que a su enemigo en el partido (perdón, en la guerra).
La guerra la viven los guerreros en reuniones en las que exaltan su valor y astucia. Habla Héctor:
“Ahora intercambiemos valiosos presentes, para que todos puedan decir: Se han batido en un duelo cruel, pero se han separado en armonía y en paz… Y en el banquete dejé que todos bebieran y comieran y, luego, cuando los vi cansados, les pedí a los príncipes que me escucharan.” (Homero. Iliada. Alexandro Barico. Anagrama 2005)
Esto les pone: la mezcla de rudeza, sangre y noble hermandad. Así como la belleza de sus armaduras relucientes y sus caballos bellísimos.
¿Qué mejor modelo que la guerra para excluir sensibilidades de paz, crianza y diálogo?
Para perpetuar la separación, guerreros y sacerdotes, cuando ya no hay guerra, fundan un trampantojo olímpico de carreras, y luchas en las que invitan a los dioses y excluyen a las mujeres, para que no les vengan con monsergas, que ya han tenido bastante con sus lamentos por las muertes de sus hijos y sus maridos y haber sido vendidas como esclavas. Tal vez como una huida hacia delante, incapaces de dar la cara por abandonarlas cuando las cosas van mal, en las derrotas. Y lo hacen a lo grande: con todo el dinero del estado y con todo el poder en juego.
Hay que reconocer que consiguieron un buen producto, pero no es la mejor manera de empezar la historia del deporte.
En España Gelu tradujo: “por qué por qué, los domingos por el fútbol me abandonas…” Al final de la canción hablan de su venganza, pero de esto hablaremos otro día.

La adulación que te hace sentir poderoso o te da un hueco entre los “admirados” es la condición para la adhesión al deporte. Infalible con los adolescentes, es habitual que su efecto sirva durante toda la vida: a individuos, a tribus y a pueblos enteros. De eso hablaremos el próximo día.

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